La viabilidad económica de la ruta comercial marítima por el Ártico es un tema que el cambio climático ha puesto sobre la mesa. Implica navegar desde la zona de Asia-Pacífico hasta Europa (o a la inversa), sin tener que pasar por el Canal de Suez o el de Cabo de Buena Esperanza, ahorrando tiempo (y dinero, claro). Ya he hablado sobre la cuestión previamente, pero ahora vuelve a salir el tema por el papel que China parece que quiere desempeñar en su uso. Alicia García-Herrero escribe sobre ello en Bruegel y explica de manera brillante y breve el estado de la cuestión. Entre las varias cosas que indica está la cuestión del "peaje" que las autoridades rusas hacen pagar a los barcos que transiten por esa zona del Ártico, que es algo que yo desconocía y que está de moda con lo que está pasando en Ormuz (el texto que sigue está traducido con IA):
La Ruta Marítima del Norte se diferencia de otras rutas en que, de facto , no se aplica la libertad de navegación. Rusia no la considera una vía marítima internacional abierta y controla la mayor parte de la ruta. Rusia emite los permisos y recauda las tasas a través de su empresa nuclear estatal, Rosatom, que opera los rompehielos pesados necesarios para escoltar a los buques de carga a través de las gélidas aguas.
(...) En el Ártico, Rusia ha abierto su vía marítima más estratégica a cambio de derechos de tránsito, construcción naval conjunta, formación de tripulaciones y alineación política. Rusia controla el acceso, pero lo vende en el contexto de la presión económica derivada de las sanciones occidentales.
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