miércoles, 28 de diciembre de 2011

Encontré petróleo: ¡Maldición!

Jeffrey Frankel, profesor de la Universidad de Harvard, escribe sobre el interesante tema de cómo una fuente de riqueza (en concreto, los recursos naturales petrolíferos) se puede convertir en una bendición para un país, aunque la historia nos muestra que muchísimas veces ha sido lo contrario: es el caso de la maldición de los recursos naturales. Unos párrafos escogidos:
¿Por qué resulta la riqueza petrolera una maldición con tanta frecuencia como una bendición?


Los economistas han determinado seis riesgos que pueden afligir a los exportadores de recursos naturales: la inestabilidad de los precios de las materias primas, la expulsión de las manufacturas, la “enfermedad holandesa” (el auge de un sector exportador causa una rápida apreciación de la divisa, que socava la competitividad de otros exportadores), la falta del desarrollo institucional, la guerra civil y el agotamiento excesivamente rápido de los recursos (con ahorro insuficiente).

¿Qué pueden hacer los países para velar por que los recursos naturales sean una bendición y no una maldición?

Se han ensayado algunas políticas e instituciones y han fallado, en particular los intentos de anular artificialmente las fluctuaciones del mercado mundial imponiendo controles de precios y de las exportaciones, juntas de comercialización y cárteles.

Algunas [estrategias de éxito] son las siguientes: proteger las ganancias por exportación, por ejemplo, mediante el mercado de opciones sobre el petróleo, como hace México; asegurar una política fiscal anticíclica, por ejemplo, mediante una variante de la norma del presupuesto estructural de Chile; y delegar los fondos de riqueza soberanos en gestores profesionales, como el Fondo Pula de Botswana.

Por último, algunas ideas prometedoras nunca se han ensayado: denominar los bonos en precios del petróleo en lugar de en dólares, para protegerse contra el riesgo de una bajada de los precios; optar por basar la política monetaria en el precio de las materias primas como opción substitutiva de la inflación o de los tipos de cambio y distribuir los ingresos del petróleo por habitante a escala nacional para velar por que no acaben en las cuentas en bancos suizos de las minorías dirigentes.

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